viernes, 30 de septiembre de 2016

El cine según Hitchcock

Una sorprendente conversación entre dos grandes realizadores cinematográficos: el director francés de cine François Truffaut, quien entrevistó largamente al director inglés de cine Alfred Hitchcock para la revista francesa Cahiers du Cinéma, se convirtió después en un magnífico libro.
Ambos hablan de las primeras películas mudas de Hitchcock, de su paso después al cine sonoro, y de sus primeras cintas a color -ya en Hollywood-, así como de las técnicas que fue inventando el inglés para narrar bien una historia y lograr meter al espectador en la pantalla, además de los necesarios movimientos de la cámara (sin que el espectador los note).
Los dos realizadores hablan también del trabajo de los guionistas, de los técnicos de iluminación, de los ingenieros de sonido, de los directores de fotografía, de los actores, de las adaptaciones al cine de algunas novelas, y de muchos otros temas.
Aquí copio unos cuantos párrafos de esta entrevista:
FT- ¿Por qué su repugnancia a adaptar las obras maestras de la literatura? Entre las personas que le admiran, algunas desearían que hiciese adaptaciones de obras importantes y ambiciosas, Crimen y castigo de Dostoïevski, por ejemplo.
AH - Sí, pero no lo haré nunca porque Crimen y castigo es precisamente la obra de otro. Lo que yo no comprendo es que alguien se apodere realmente de una obra, de una buena novela cuyo autor ha empleado tres o cuatro años en escribir y que constituye toda su vida. Se manipula el asunto, se rodea uno de artesanos y de técnicos de calidad y ya tenemos candidatura a los «Oscar», mientras que el autor se diluye en segundo plano. No se piensa más en él. Y añado que si rodara Crimen y castigo no sería necesariamente un film bueno.
FT- ¿Por qué?
AH- Si coge usted una novela de Dostoïevski, no sólo Crimen y castigo sino cualquiera, hay muchas palabras en ella y todas tienen una función.
FT- ¿Y una obra maestra es, por definición, algo que ha encontrado su forma perfecta, su forma definitiva?
AH- Exactamente. Y para expresar lo mismo de una manera cinematográfica, sería preciso sustituir las palabras por el lenguaje de la cámara y rodar una película de seis horas o de diez horas, de otra forma no sería serio.
FT- Creo también que su estilo y las necesidades del suspense le obligan constantemente a jugar con la duración: comprimirla a veces, pero con mayor frecuencia a dilatarla, y por ello la labor de adaptación de un libro es mucho más diferente para usted que para la mayoría de los cineastas.
AH- Sí, pero comprimir o dilatar el tiempo, ¿no es la primera labor del director? ¿No cree usted que el tiempo del cine nunca debería tener relación con el tiempo real?
FT- Desde luego, es un elemento esencial, pero esto sólo se puede descubrir al rodar la primera película; por ejemplo, las acciones rápidas deben descomponerse y dilatarse so pena de resultar casi imperceptibles para el espectador y hace falta oficio y autoridad para controlar esto.
AH- Por ello se comete un error al confiar la adaptación de una novela al propio autor, pues se supone que ignora los principios de un tratamiento cinematográfico. Por el contrario, el autor dramático será más eficaz al adaptar su propia obra para la pantalla, pero deberá tomar conciencia de una dificultad; su labor teatral le ha obligado a mantener el interés durante dos horas, sin interrupción. A pesar de ello, el autor de teatro podrá ser un buen guionista en la medida en que está avezado en la elaboración de paroxismos sucesivos. Para mí es evidente que las secuencias de una película nunca deben estancarse, sino avanzar siempre, exactamente como avanza un tren rueda tras rueda o, más exactamente todavía, como un tren «de cremallera» sube la vía de una montaña, engranaje tras engranaje. Jamás se debería comparar una película a una obra de teatro o a una novela. Lo que se le acerca más es el cuento, cuya regla general es contener una sola idea que acaba de expresarse en el momento en el que la acción alcanza su punto dramático culminante. Habrá observado usted que un cuento raramente se deja en reposo, lo que le emparenta al film. Esta exigencia implica la necesidad de un firme desarrollo de la intriga, y la creación de situaciones punzantes que se desprenden de la propia intriga y que deben presentarse, ante todo, con habilidad visual. Esto nos conduce al suspense, que es el medio más poderoso de mantener la atención del espectador, ya sea el suspense de situación o el que incita al espectador a preguntarse: “¿Y ahora qué sucederá?”
Y unas páginas más adelante, encontramos este magnífico diálogo:
FT- Quisiera pedirle que precisara ahora la distinción que debe hacerse entre suspense y sorpresa.
AH- La diferencia entre el suspense y la sorpresa es muy simple y hablo de ella muy a menudo. Sin embargo, en las películas frecuentemente existe una confusión entre ambas nociones. Nosotros dos estamos hablando, y quizás hay una bomba debajo de esta mesa, y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial y de repente: bum, la explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena completamente anodina, desprovista de interés. Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, porque ha visto que un anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: "No deberían contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a estallar". En el primer caso, se le han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense. La conclusión de ello es que se debe informar al público, siempre que se pueda, salvo cuando la sorpresa es un "twist", es decir, cuando lo inesperado de la conclusión constituye la sal de la anécdota.
¡Fantástica conversación de estos dos gigantes!
Esto y más… mucho más, podrá gozar el lector en el extraordinario libro que contiene completa la entrevista, y que llenó 432 páginas.
[El cine según Hitchcock, lo puede comprar en Amazon.com]
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sábado, 3 de septiembre de 2016

"El país está cansado de imposiciones": Zapata (1914)

En el Archivo General de la Nación hay una carta que el general Emiliano Zapata le escribió en 1914 al presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, en donde le explica las condiciones de la sociedad feudal y hacendaria que propiciaron el movimiento de la Revolución Mexicana.
Aquí la copio.
Cuartel General en Yautepec, Morelos,
Agosto 23 de 1914.
Mr. Woodrow Wilson,
Presidente de los EE. UU. de América. Washington.
Estimado señor de mi consideración:
He visto en la prensa las declaraciones que Ud. ha hecho acerca de la revolución agraria que desde hace cuatro años se viene desarrollando en esta República, y con grata sorpresa me he enterado de que usted, no obstante la distancia, ha comprendido con exactitud las causas y los fines de esa revolución, que ha tomado sobretodo incremento en la región Sur de México, la que más ha tenido que sufrir los despojos y las extorsiones de los grandes terratenientes.
Esa convicción de que usted simpatiza con el movimiento de emancipación agraria, me induce a explicar a usted hechos y antecedentes que la prensa de la Ciudad de México, consagrada a servir los intereses de los ricos y de los poderosos, se ha empeñado siempre en desfigurar con infames calumnias, para que el resto de la América y el mundo entero nunca pudiesen dar cuenta de la honda significación de ese gran movimiento proletario.
Empezaré por señalar a usted las causas de la revolución que acaudillo.
México se encuentra todavía en plena época feudal, o al menos así se encontraba al estallar la revolución de 1910.
Unos cuantos centenares de grandes propietarios han monopolizado toda la tierra laborable de la República; de año en año han ido acrecentando sus dominios, para lo cual han tenido que despojar a los pueblos de sus ejidos o campos comunales, y a los pequeños propietarios de sus modestas heredades.
Hay ciudades en el Estado de Morelos, como la de Cuautla; que carecen hasta de terreno necesario para tirar sus basuras, y con mucha razón, del terreno indispensable para el ensanche de la población.
I (sic) es que los hacendados, de despojo en despojo, hoy con un pretexto, mañana con otro, han ido absorbiendo todas las propiedades que legítimamente pertenecen y desde tiempo inmemorial han pertenecido a los pueblos de indígenas, y de cuyo cultivo éstos últimos sacaban el sustento para sí y para sus familias.
Para extorsionar en esta forma, los hacendados se han valido de la legislación, que elaborada bajo su sugestión, le ha permitido apoderarse de enormes extensiones de tierras, con el pretexto de que son baldías; es decir, no amparadas por títulos legalmente correctos.
De esta suerte, ayudados por la complicidad de los tribunales y apelando muchas veces a medios todavía peores, como el de reducir a prisión o consignar al ejército, a los pequeños propietarios a quienes querían despojar, los hacendados se han hecho dueños únicos de toda la extensión del país, y no teniendo ya los indígenas tierras, se han visto obligados a trabajar en las haciendas, por salarios ínfimos y teniendo que soportar el mal trato de los hacendados y de sus mayordomos o capataces, muchos de los cuales, por ser españoles o hijos de españoles, se consideran con derecho a conducirse como en la época de Hernán Cortés; es decir, como si ellos fueran todavía los conquistadores y los amos, y los "peones" simples esclavos, sujetos a la ley brutal de la conquista.
La posición del hacendado respecto de los peones, es enteramente igual a la que guardaba el señor feudal, el barón o el conde de la Edad Media, respecto de sus siervos y vasallos.
El Hacendado, en México, dispone a su antojo de la persona de su "peón"; lo reduce a prisión, si gusta; le prohíbe que salga de la hacienda, con pretexto de que allí tiene deudas que nunca podrá pagar; y por medio de los jueces, que el hacendado corrompe con su dinero, y de los prefectos o "jefes políticos", que son siempre sus aliados, el gran terrateniente es en realidad, sin ponderación, señor de vidas y haciendas en sus vastos dominios.
Esta situación insoportable originó la Revolución de 1910 que tendía principal y directamente a destruir ese régimen feudal y a combatir el monopolio de las tierras en manos de unos cuantos.
Pero por desgracia, Francisco I. Madero pertenecía a una familia rica y poderosa, dueña de grandes extensiones de terreno en el Norte de la República, y como era natural, Madero no tardó en entenderse con los demás hacendados, y en invocar la legislación (esa legislación por los ricos y para favorecer a los ricos) como un pretexto para no cumplir las promesas que había hecho para restituir a sus dueños las tierras robadas y para destruir el aplastante monopolio ejercido por los hacendados, mediante la expropiación de sus fincas por causa de utilidad pública y con la correspondiente indemnización, si la posesión era legítima.
Madero faltó a sus promesas, y la revolución continuó, principalmente en las comarcas en que más se han acentuado los abusos y los despojos de los hacendados; es decir, en los Estados de Morelos, Guerrero, Michoacán, Puebla, Durango, Chihuahua, Zacatecas, etc., etc.
Vino después el Cuartelazo de la Ciudadela; o sea el esfuerzo hecho por los antiguos porfiristas y por los elementos conservadores de todos los matices, para adueñarse nuevamente del poder, porque temían que Madero se viera obligado algún día a tener que cumplir sus promesas, y entonces la población campesina entró en justa alarma y la efervescencia revolucionaria cundió con más vigor que nunca, puesto que el cuartelazo, seguido del asesinato de Madero, era un reto, un verdadero desafío a la revolución de 1910.
Entonces la revolución abarcó toda la extensión de la República, y aleccionada por la experiencia anterior, no esperó ya el triunfo para empezar el reparto de tierras y la expropiación de las grandes haciendas. Así ha sucedido en Morelos, en Guerrero en Michoacán, en Puebla, en Tamaulipas, en Nuevo León, en Chihuahua, en Sonora, en Durango, en Zacatecas, en San Luis Potosí; de tal suerte que puede decirse que el pueblo se ha hecho justicia a sí mismo, ya que la legislación no lo favorece y toda vez que la Constitución vigente es más bien un estorbo que una defensa o una garantía para el pueblo trabajador, y sobre todo, para el pueblo campesino.
Este último ha comprendido que hay que romper los viejos moldes de la legislación, y viendo en el Plan de Ayala la condensación de sus anhelos y la expresión de los principios que deben servir de base a la nueva legislación, ha empezado a poner en práctica dicho plan, como ley suprema y exigida por la justicia, así es como los revolucionarios de toda la República han restituido sus tierras a los pueblos despojados han repartido los monstruosos latifundios y han castigado con la confiscación de sus fincas a los eternos enemigos del pueblo, a los señores feudales, a los caciques, a los cómplices de la dictadura porfiriana y a los autores y cómplices del Cuartelazo de la Ciudadela.
Se puede asegurar, por lo mismo, que no abrá (sic) paz en México, mientras no se eleve el Plan de Ayala al rango de ley o precepto constitucional, y sea cumplido en todas partes.
Esto no solo en cuanto a la cuestión social, o sea a la necesidad del reparto agrario, sino tambien (sic) en lo referente a la cuestión política, o sea a la manera de designar el Presidente Interino que a (sic) de convocar a elecciones y ha de empezar a llevar a la práctica la reforma agraria.
El país está cansado de imposiciones, no tolera ya que se le impongan amos o jefes; desea tomar parte en la designación de sus mandatarios; y puesto que se trata del gobierno interino que ha de emanar de la revolución y de dar garantías a ésta, es lógico y es justo que sean los genuinos representantes de la Revolución, o sea los jefes del movimiento armado, quienes efectuen (sic) el nombramiento de Presidente Interino. Así lo dispone el artículo doce del Plan de Ayala, en contra de los deseos de D. Venustiano Carranza y de su circulo de políticos ambiciosos, los cuales pretenden que Carranza escale la Presidencia por sorpresa, o mejor dicho, por un golpe de audacia y de imposición:
Esta convicción de los jefes revolucionarios de todo el país es la única que puede elegir con acierto el Presidente Interino, pues ella cuidará de fijarse en un hombre que por sus antecedentes y sus ideas preste absolutas garantías; mientras que Carranza por ser dueño o accionista de grandes propiedades en los Estados Fronterizos, es una amenaza para el pueblo campesino, pues seguiría la misma política de Madero, con cuyas ideas está perfectamente identificado, con la diferencia única de que Madero era débil, en tanto que Carranza es hombre capaz de ejercer la más tremenda de las dictaduras, con lo que provocaria (sic) una formidable revolución, más sangrienta quizá que las anteriores.
Por lo anterior verá usted que siendo la Revolución del Sur una revolución de ideales, y no de venganza ni de represalias, dicha revolución tiene contraido (sic) ante el país y ante el mundo civilizado, el formal compromiso de dar plenas garantías antes y después del triunfo, a las vidas e intereses legítimos de nacionales y extranjeros, y así me complazco en hacerlo a usted presente.
Esta larga exposición confirmará a usted en su ilustrada opinión respecto del movimiento suriano, y convencerá a usted de que mi personalidad y la de los mios (sic) han sido villananente (sic) calumniados por la prensa vanal (sic) y corrompida de la Ciudad de México.
Mejor que estos apuntes, ilustrarán a usted las informaciones que se sirvan proporcionarle los señores Dr. Charles Jenkinson y Thomas W. Reilly, amables visitantes de este Estado, a quienes hemos tenido la satisfacción de ofrecer vuestra modesta pero cordial hospitalidad, y por cuyo bondadoso conducto envio (sic) a usted estas líneas.
Por mi parte sé decir a usted que comprendo y aprecio la noble y levantada política que, dentro de los limites (sic) del respeto a la soberania (sic) de cada entidad, ha tomado usted a su cargo en este hermoso y no siempre feliz Continente Americano.
Puede usted creer que, mientras esa política respete la autonomía del pueblo mexicano para realizar sus ideales tal como el (sic) los entiende y los siente yo seré uno de los muchos simpatizadores con que usted cuenta en esta República hermana, y no por cierto el menos adicto de sus servidores, que le reitera su particular aprecio.
El General [Emiliano Zapata.]
Lo aterrador es que -102 años después-, los mexicanos de a pie seguimos igual de pobres y explotados, y los políticos siguen también igual.
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viernes, 26 de agosto de 2016

Cuando la plata se convierte en oro

Esta nota, de la agencia española Efe, publicada hoy por el diario digital mexicano Sin Embargo, llena de orgullo -y admiración-, a cualquier ser humano que tenga un poquito de corazón.
Copio aquí la nota íntegra.
El atleta polaco, Piotr Malachowski, subasta su medalla de Río 2016 para salvar a un niño con cáncer.
Después de haber ganado la medalla, una madre buscó por Facebook al atleta y le pidió ayuda para su hijo. Piotr subastó su medalla y a los pocos días consiguió el dinero suficiente para darle el tratamiento al niño.
Malachowski subastó la medalla de plata ganada en los juegos de Río de Janeiro para financiar el tratamiento de un niño enfermo de cáncer, Olek, quien gracias a los más de 115 mil euros obtenidos podrá recibir en Estados Unidos el tratamiento médico necesario.
“Mi medalla de plata hoy vale mucho más que hace una semana”, dijo a Efe este orgulloso lanzador de disco, que en menos de cinco días ha logrado reunir el dinero necesario para ayudar a Olek, un pequeño de sólo dos años cuya familia no tenía los recursos necesarios para sufragar los gastos médicos que requiere la enfermedad de su hijo.
“Lamentablemente el deporte se ha mercantilizado mucho en los últimos años y hoy impera otro espíritu, aunque todavía hay deportistas solidarios, con valores, que quieren ayudar a los demás y se involucran en acciones caritativas”, añadió el deportista, que hoy mismo se reunirá con la familia de Olek para celebrar el éxito de la subasta.
A final de mes, el menor viajará con su familia a Estados Unidos para someterse a un tratamiento especial que le ayude a superar su cáncer de ojo, explicó Malachowski, quien también espera poder reunirse en los próximos días con Dominika y Sebastian Kulczyki, la pareja de empresarios que finalmente se han hecho con su medalla de plata.
“Aún no han recogido la medalla, y espero que lo hagan personalmente para poder conocerlos”, explicó Malachowski, quien aseguró que no echará de menos el trofeo: “Una medalla es sólo un pedazo de metal, pero la salud de un niño vale mucho más”.
La familia de Olek se siente hoy “feliz, muy feliz”, como explicó a Efe su madre, Gosia, de quien partió la idea de contactar con el lanzador de disco a través de su perfil público en la red social Facebook, primero para felicitarle y después para pedirle ayuda.
“Poco después de mi participación en los Juegos me escribió Gosia, y yo no me lo pensé dos veces porque había que reunir el dinero cuanto antes, ya que en estos casos no se puede esperar, hay mucho en juego”, dijo Malachowski.
A partir de ahí el atleta puso su medalla de plata en una red social de subastas, y a los pocos días la cifra alcanzó lo necesario para el viaje a Estados Unidos y el tratamiento completo.
“Ganar una medalla olímpica es el sueño de todo atleta, y por supuesto que el oro es lo más preciado. Hice todo lo posible para conseguirlo, pero lamentablemente no ha sido posible esta vez, aunque el destino me ha dado ahora la oportunidad de aumentar el valor de mi medalla de plata gracias a la solidaridad”, agregó el atleta.
Qué gran atleta.
¡Tiene un corazón de oro!
Más personas así necesitamos en el mundo.
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lunes, 22 de agosto de 2016

Una cosa es Hungría, y otra, muy diferente, México…

El gran diario digital SinEmbargo publicó la noche del domingo 21 de agosto una nota que decía que el equipo de noticias de Carmen Aristegui (que antes había destapado el conflicto de intereses por la famosa “casa blanca” de la Primera Dama, Angélica Rivera), reveló lo que para muchos era un secreto a voces:
Que el Presidente de México, Enrique Peña Nieto, plagió diversas tesis para elaborar la suya, y convertirse así en licenciado en Derecho.
La noticia cayó como bomba.
Al parecer, Aristegui sigue haciendo de la suyas.
Luego de leer la noticia y de ver algunos “memes”, además de escuchar otros comentarios al respecto, recibí un correo electrónico de mi buen amigo Oscar Ornelas, en donde me pasó la liga a una nota del periódico español El País, en donde se informa que el Presidente de Hungría, Pál Schmitt, renunció a su cargo, tras habérsele comprobado que plagió varias tesis para elaborar su tesis de doctorado.
Ornelas se preguntaba en ese correo: ¿Renunciará el licenciado Peña Nieto?
Y se contestaba él mismo: ¡Por supuesto que no!
La nota sobre los plagios de Peña Nieto es ya muy conocida.
Sin embargo (“no pun intended”, como dicen los gringos) aquí copio la nota de El País (fechada el 4 de abril), y firmada por Silvia Blanco:
El presidente de Hungría anuncia su dimisión tras ser acusado de plagio.
La Universidad Semmelweis de Budapest decidió el jueves pasado retirarle el título por haber copiado gran parte de la tesis.
Las posibilidades de fama de una tesis doctoral titulada Análisis del programa de los Juegos Olímpicos modernos, escrita en húngaro y defendida hace 20 años, en 1992, son más bien remotas. Incluso aunque su autor, que para entonces ya había sido dos veces oro olímpico en esgrima y dirigía el Comité Olímpico húngaro, sea el presidente de Hungría. Pero ha ocurrido. Se ha demostrado que plagió su trabajo académico y se le ha despojado del título. A Pál Schmitt, de 69 años, le ha estallado un escándalo que llevaba más de dos meses tratando de esquivar, bajo gran presión. Hoy ha acudido al Parlamento húngaro para anunciar que deja el cargo.
“Según la Constitución de Hungría, el presidente simboliza la unidad de la nación”, ha afirmado, según recoge Reuters. “Ahora que mi situación personal divide a mi amada nación en lugar de unirla, mi deber es poner fin a mi servicio y dimitir de mi cargo de presidente”. El caso ha logrado el extraordinario mérito de unir a la oposición para forzar la dimisión de Schmitt; ha provocado varias manifestaciones y ha acaparado la atención de la prensa. Durante todo este tiempo, Schmitt no ha hecho otra cosa que proclamar su inocencia y, hasta la semana pasada, aseguraba, como dijo a la agencia estatal de noticias MTI, no haber pensado “ni un momento” en dejar el puesto.
Aunque el cargo de presidente en Hungría es simbólico (encarna la alta representación del Estado y es jefe de las fuerzas armadas), el caso Schmitt ha adquirido una gran relevancia política. Hasta la prensa conservadora, como el periódico Magyar Nemzet, había pedido que se fuera. El primer ministro, Viktor Orbán, se había limitado a decir que dejar el cargo es “una decisión que le corresponde tomar a Schmitt”. El problema estaba en el tejado de Fidesz, el partido del Gobierno. Y lo que explica que haya tardado tanto en resolverse es, como explica Péter Krekó, analista del instituto Political Capital de Budapest, que “el nombramiento de Schmitt fue una elección personal de Viktor Orbán”.
A finales de enero, un portal de Internet, hvg.hu, publicó un artículo en el que sostenía que 180 de las 215 páginas que tiene la tesis de Schmitt -que obtuvo la más alta calificación, suma cum laude- eran una traducción del francés al húngaro del trabajo de Nicolai Georgiev, un investigador búlgaro ya fallecido.
La traducción era tan precisa que incluía los errores cometidos por Georgiev. Schmitt lo menciona en una escueta bibliografía colocada al final del trabajo. Más tarde se supo que otras 17 páginas fueron recolectadas de un autor alemán, Klaus Heineman, que sí vive y parece molesto con el asunto, según dijo a hvg.hu. Otros medios de comunicación también empezaron a bucear en los remotos mares de la producción académica deportiva de la época (en torno a 1992, cuando se publicó la tesis) y siguieron hallando similitudes.
El equipo de hvg.hu llegó a la conclusión de que “el 94% de la tesis de Schmitt es plagio”, resume por teléfono András Kosa, un periodista de esa página web.
La Universidad Semmelweis de Budapest, que le había concedido el título, se vio obligada a intervenir. Formó un comité de cinco expertos y los puso a rastrear coincidencias. Debieron de encontrar muchas, porque su informe, que dieron por concluido la semana pasada después de dos meses, tiene 1.157 páginas. En el resumen -de tres páginas- que han publicado, queda claro que la mayor parte del trabajo no era de Schmitt, pero tampoco se salvan los supervisores de la tesis, por no advertirlo.
La junta universitaria se reunió de manera extraordinaria el jueves y decidió despojar al presidente del título de doctor. Esa noche, la televisión pública, MTV1, emitió una amabilísima entrevista grabada a Pál Schmitt. “Mi conciencia está tranquila. Hice la tesis de la manera más honesta, lo mejor que sabía”, se defendió.
Hace justo un año, Karl-Theodor zu Guttenberg, entonces ministro de Defensa alemán, dimitió por haber plagiado su tesis en Derecho. Pasaron dos semanas entre que se denunció el caso en la prensa y su abandono del cargo. En un momento delicado para la imagen de Hungría, que sigue bajo el escrutinio de la Unión Europea por dudas sobre algunas de sus leyes, y que está pendiente de negociar un crédito que necesita su maltrecha economía con la Comisión y con el FMI, al presidente húngaro le ha costado más de dos meses tomar la decisión. Ha tratado de evitarla a toda costa. Sin embargo, ahora sí, touché.
Así que como dije al principio de esta nota: Una cosa es Hungría, y otra, muy diferente, México…
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domingo, 14 de agosto de 2016

La respiración de la novela, según Umberto Eco

En comentarios publicados en las páginas que siguen al final de su extraordinaria novela El nombre de la rosa, Eco nos dice cómo la escribió y qué caminos siguió para hacerlo. Entre las muchas cosas -muy sabrosas- que dice sobre su oficio, nos comenta que:
“Entrar en una novela es como hacer una excursión a la montaña: hay que aprender a respirar, coger un ritmo de marcha, si no todo acaba en seguida. En poesía sucede lo mismo. Piensen en lo insoportables que resultan los poetas recitados por actores que, para «interpretar», no respetan la medida del verso, hacen enjambements recitativos como si hablasen en prosa, siguen el contenido en lugar del ritmo.
“Para leer una poesía escrita en endecasílabos y tercetos hay que adoptar el ritmo cantado que quería el poeta. Más vale recitar a Dante como aquellas poesías que se publicaban en el Corriere dei Piccoli, que sacrificarlo todo por el sentido.
“En la narrativa, la respiración no se obtiene en el plano de la frase, sino mediante macroproposiciones más extensas, mediante la escansión de los acontecimientos.
“Hay novelas que respiran como gacelas y otras que respiran como ballenas, o como elefantes. La armonía no reside en la longitud del aliento, sino en la regularidad con que se lo toma; también porque, si en determinado momento (que no debe ser muy frecuente), la aspiración se interrumpe y un capítulo (o una secuencia) acaba antes de que haya concluido la respiración, eso puede desempeñar una función importante en la economía del relato, puede marcar un punto de ruptura, un golpe de teatro.
“Al menos así proceden los grandes autores: «La infeliz respondió» —punto y aparte— no tiene el mismo ritmo que «Adiós montes», pero cuando llega es como si el bello cielo de Lombardía se tiñese de sangre. Una gran novela es aquella en que el autor siempre sabe dónde acelerar y dónde frenar, y cómo dosificar esos golpes de pedal dentro del marco de un ritmo de fondo que permanece constante.
“En música se puede «robar», pero no demasiado, porque si no tenemos el caso de esos malos intérpretes que creen que para tocar Chopin basta con exagerar el rubato. No estoy diciendo cómo resolví mis problemas, sino cómo me los planteé.
“Y mentiría si dijese que me los planteé conscientemente. Hay un pensamiento de la composición que piensa incluso a través del ritmo con que los dedos golpean las teclas de la máquina.
“Quisiera poner un ejemplo de cómo contar es pensar con los dedos. Es evidente que toda la escena de la relación sexual en la cocina está construida con citas de textos religiosos, desde el Cantar de los Cantares hasta san Bernardo y Jean de Fecamp o santa Hildegarde von Bingen.
“Hasta las personas que no están familiarizadas con la mística medieval, pero que tienen un poco de oído, se dieron cuenta. Sin embargo, cuando alguien me pregunta a quién pertenecen las citas y dónde acaba una y empieza otra, ya no estoy en condiciones de decirlo.
“De hecho, tenía decenas y decenas de fichas con todos los textos, y a veces páginas de libros, y fotocopias, muchísimas, muchas más de las que luego utilicé. Pero la escena la escribí de una tirada (lo único que hice después fue pulirla, como pasarle una mano de barniz para disimular mejor las suturas).
“Así, pues, escribía rodeado de los textos, que yacían en desorden, y la mirada se iba posando en uno o en otro; copiaba un trozo y en seguida lo enlazaba con el siguiente. Es el capítulo que, en la primera versión, escribí más aprisa que cualquier otro.
“Después comprendí que estaba tratando de seguir con los dedos el ritmo de la escena, de modo que no podía detenerme para escoger la cita justa. La cita que insertaba en cada caso era justa en función del ritmo con que la insertaba; desechaba con la mirada las que hubiesen detenido el ritmo de los dedos. No puedo decir que la narración del episodio haya durado lo mismo que éste (aunque hay actos bastante prolongados), pero traté de abreviar lo más posible la diferencia entre el tiempo del acto y el tiempo de la escritura…
“No en el sentido de Barthes, sino en el del dactilógrafo: me refiero a la escritura como actividad material, física. Y me refiero a los ritmos del cuerpo, no a las emociones. La emoción, ya filtrada, había estado antes, en la decisión de asimilar el éxtasis místico al éxtasis erótico, en el momento en que leí y escogí los textos que utilizaría.
“Después, nada de emoción: de hacer el amor se ocupaba Adso, no yo, yo sólo debía traducir su emoción en un juego de ojos y dedos, como si hubiese decidido contar una historia de amor tocando el tambor”.
¡Estos párrafos son sencillamente magníficos!
Gracias Umberto Eco por tomarte tan en serio el oficio de escritor.
Más novelistas como tú nos hacen falta en este mundo, tan lleno de vedettes. El mundo de la literatura actual está a reventar de escritores que buscan la fama y el dinero con sus novelas vulgares, ramplonas y de poca categoría, sin preocuparse jamás de trabajar primero con ahínco para mejorar el oficio.
[El nombre de la rosa, la puede comprar en Amazon.com]
*En la columna derecha hay sitios de periodistas a quienes no les tiembla la mano -ni la pluma-, ante los crímenes de Estado. Hay también enlaces a portales que defienden los Derechos Humanos, ligas a sitios culturales de interés general, y el enlace a dos fantásticas estaciones de radio online (una de jazz y otra de música clásica).
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••Concédase el placer de leer ficción al menos una hora cada día. Muchos dicen que un día sin leer, es un día perdido. Pregunte por ahí qué buena novela puede leer. Si nadie le recomienda un buen título, puede leer alguna de mis novelas. Le aseguro que no se arrepentirá, y quizás hasta quede enganchado en el placentero vicio de la lectura (busque a la derecha el enlace a mis novelas).
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miércoles, 10 de agosto de 2016

¡Un gato pianista ofrece un gran concierto!

Mi hermano Oscar me mandó la liga a un fantástico video de un gato que toca el piano acompañado ¡por una orquesta sinfónica!
Me explicó que primero filmaron al gato tocando algunas notas al azar.
Después, basándose en esas mismas notas, una orquesta compuso una pieza que le corresponde a esas notas.
El resultado final -al sobreponer los dos eventos independientes-, es un gato dando un concierto.
¡Fantástico!
Y como no todo en la vida es leer y escribir novelas, además de hacer traducciones para pagar la renta, haga clic AQUÍ para disfrutar el concierto de este simpático gato pianista.
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lunes, 1 de agosto de 2016

Fragmento del capítulo 6 de mi novela Muñecas de trapo

Eran las diez de la mañana. Constitución decidió estacionar la furgoneta a dos cuadras de la casa de la Colonia del Valle y caminar ese trecho para calmarse un poco. A pesar de que sus ojos despedían llamaradas de cólera, al llegar a la puerta de la entrada y tocar el timbre, aparentó estar de buen humor.
Al abrirse la puerta apareció Nicho, quien, como siempre, traía en la bolsa delantera del pantalón el viejo revólver Smith & Wesson .38 especial que le prestaba Mayra, y que, a propósito, dejaba que se notara el bulto.
Traía también en una mano, como siempre y para darse importancia, su transmisor-receptor portátil.
—Buenos días —dijo Nicho—. ¿Necesita un servicio?
—No —dijo Constitución—. Ya he venido antes. Usted no me recuerda porque aquí entra y sale mucha gente, pero soy amigo de la señora.
—Permítame un momento —dijo Nicho, sin dejarlo pasar, y apretó un botón del transmisor-receptor portátil—. Señora Mayra.
—Dime Nicho.
—Aquí hay un señor que no quiere un servicio. Dice que es su amigo.
—¿Quién es, cómo se llama?
Nicho miró a Constitución, y antes de poder preguntarle, Constitución, que había escuchado la voz de Mayra, dijo:
—Me llamo Constitución Elizondo. La señora me conoce.
—Constitución Elizondo, señora —dijo Nicho, apretando de nuevo el botón del transmisor-receptor portátil.
—Hazlo pasar —dijo Mayra.
Nicho se hizo a un lado y Constitución entró con rapidez.
—Ya conoce el camino ¿verdad? —dijo Nicho.
Constitución no le respondió, y subió al segundo piso dando zancadas de dos escalones a la vez.
Entró al despacho de Mayra hecho una furia y cerró la puerta tras de sí.
—¡Estás explotando a muchachitas menores de edad! —le gritó, colérico, sin siquiera haberla saludado.
Mayra, sentada ante su computadora, haciendo cuentas como siempre, se le quedó viendo sorprendida.
—¿Qué sucede, Oso? —le preguntó, tratando de aparentar una calma que no sentía.
—¡Fui a las dos casas de Satélite!
Mayra se sobresaltó pero no movió un solo músculo del cuerpo, ni se agitó en el asiento. Permaneció rígida, como una estatua, mirando a Constitución con una forzada sonrisa a mitad del rostro.
—No sé de qué me hablas —le dijo, seria y sonriéndole—. Siéntate, relájate.
—¡No tienes vergüenza…! —le gritó Constitución, colérico, de pie ante su escritorio, mirándola de frente—. ¡No tienes madre!
Mayra no dijo nada. Estaba pensando rápidamente cómo salir del embrollo.
Constitución continuó mirándola en silencio, temblando de rabia, echando chispas por los ojos. Notó de nuevo que el trabajo duro de ponerse de espaladas en una cama, noche tras noche durante tantos años, y de abrir las piernas manteniendo siempre una sonrisa falsa para ser penetrada miles de veces por hombres, muchos de ellos borrachos, groseros y panzones, le habían arrancado a Mayra la ternura y la juventud. Era bella todavía, pero tenía rasgos austeros, duros y desesperados.
—Cálmate —dijo Mayra, tratando de aparentar una calma que no sentía—. No sé qué viste.
—¡No te hagas pendeja! —gruñó Constitución.
—Cálmate —volvió a decirle Mayra—. Siéntate y cálmate, y deja de estarme insultando. Ni siquiera me diste los buenos días Oso… no sé qué viste.
—Tienes un prostíbulo en Ciudad Satélite —dijo Constitución, bajando la voz y tratando de calmarse—. Y eso a mí me vale madres… no soy mojigato, pero son puras niñas… y eso sí está de la chingada. ¡Ya ni jodes!
—Es un negocio de Ramón —dijo Mayra—. Lo de Satélite es de Ramón, y además…
—¡Ni madres! —la interrumpió Constitución, volviendo a subir el tono de la voz—. Y tienes además otra casa, que le dicen La Granja. ¿Qué dices a eso?
—Está bien —admitió Mayra por primera vez—. Conozco los dos negocios, pero son de Ramón. Son de él… te lo juro. En esos dos negocios lava dinero del narco, estoy segura, aunque no puedo probarlo.
—¡No digas pendejadas! —dijo Constitución, molesto—. Nadie puede lavar dinero en un negocio clandestino.
—Pues no sé —dijo Mayra—, pero Ramón le lava dinero al narco.
—¡No con las niñas! —gritó Constitución, echando de nuevo chispas por los ojos. ¡No tienes madre! —volvió a decirle, molesto, pero pensó que quizás Ramón sí le lavaba dinero al narco, y eso no le gustó.
Mayra no dijo nada.
—¿Qué tienes tú que ver en eso? —le preguntó, tratando de aparentar calma y aplomo, y se dejó caer pesadamente en el sofá. Estaba decidido a no mostrarse exasperado, y a hablar las cosas con calma.
—La verdad, querido Oso —dijo Mayra con una sonrisa forzada y ademanes seductores—, a veces sí utilizó alguna de esas chiquillas aquí en la casa. Tengo un cliente muy especial, que requiere ese servicio. Tiene mucho dinero y paga muy bien. Me llama por teléfono con anticipación y yo le traigo a una de esas niñas.
—¡Pues no tienes madre!
—¿Quién te dijo que son negocios míos? —le preguntó Mayra, tratando de mostrarse seductora. “Si me lo cojo ahorita, se le olvida”, pensó, mientras erguía los prominentes senos.
—No te hagas pendeja —dijo Constitución, sin prestar atención a los seductores movimientos de Mayra—. Ramón me lo dijo. Las escrituras de esas casas están a tu nombre.
Mayra volvió a mostrarle las piernas y dijo:
—Ramón es un cobarde. Está tratando de salvar el pellejo. Son negocios de él, querido Oso… Y además, no sé qué viste —continuó Mayra, abriendo más las piernas, con un tono de voz que pretendía ser seductor—. Las primeras veces están dormidas, drogadas, me dijo Ramón. Les dan unas gotitas de Rohypnol mezcladas con un refresco…
—¿Rohypnol? —la interrumpió Constitución.
—Los médicos lo recetan a pacientes con insomnio crónico, o con ansiedad —dijo Mayra—. Las niñas quedan como muñequitas de trapo. No se enteran de nada, ni les duele. Poco a poco se van acostumbrando, hasta que se las cogen despiertas, pero ya les gusta. Luego van madurando, les crecen los senos y las nalgas y se ven más mujeres… y les gusta coger, lo disfrutan.
—¿Estás loca? —gruñó Constitución, indignado—. Vi golpes, maltratos y humillaciones.
—Me dijo Ramón —se defendió Mayra—, que algunas chiquillas son muy broncas, y que cuesta más trabajo domarlas, pero que al final todas se quiebran.
—¡Hija de la chingada!
—¡Párale cabrón! —dijo Mayra cerrando las piernas—. No me vengas con chingaderas. Tú matas gente, no te hagas pendejo… Así que no te vengas a dar baños de pureza conmigo.
—¡Hija de puta!
—¡Chinga tu madre, pinche Constitución! Lárgate de aquí o le digo al portero que te saque a patadas… él también fue judicial.
—Tu portero me la pela—dijo Constitución, furioso, poniéndose de pie.
—¡Chinga tu madre! —gritó Mayra, poniéndose también de pie.
Constitución salió del despacho dando un portazo, pero preocupado por su pasado enfrentamiento, casi mortal, con el narco.
Ya en la calle, caminando hacia la furgoneta, comenzó a dudar. No quería enfrentarse al narco otra vez, sobre todo en un asunto que no le incumbía de forma personal; y en el que no habría ningún dinero para él. Recordó sus primeros días de borrachera tras la muerte de Alicia (hacía ya casi dos años de todo eso) y cómo, tras salir del marasmo y de agotar su duelo, comprobó que no se había equivocado:
Dos días después (ya sobrio) había leído en la prensa sobre el asesinato de El Albañil y de uno de sus guardaespaldas, y según declaraciones de un jefe policial, había sido una venganza de El Chapo contra la gente de El Barbas. El jefe de la policía había asegurado ante los medios nacionales y extranjeros que tenía pruebas fehacientes de que había sido obra de El Chapo, así que Constitución estaba a salvo porque nadie podría acusarlo de esos dos asesinatos… y había vengado a Alicia. Pero ya no quería tentar más a la suerte. Ni siquiera su gran amigo, el teniente coronel, sabía de ese episodio.
Hasta aquí el fragmento.
Le aseguro que cuando usted lea la novela no podrá soltarla.
Los editores escribieron en la cuarta de forros este comentario:
Muñecas de trapo tiene una trama envolvente. Guillermo Zambrano narra la lamentable situación que vive México en la actualidad debido a la trata de blancas, la violencia de género, el narcotráfico, el lavado de dinero, y la corrupción de políticos y autoridades que se encuentra en cada resquicio de la sociedad.
Se trata de una novela dura y vertiginosa, en la que cada página de la acción desencadena e hila los mundos más bajos de México, país que para muchos es ya una república hecha añicos.
El centro de la novela, y lo que soporta la trama, es el investigador privado Constitución Elizondo, quien sigue luchando contra su alcoholismo (con poca suerte), pero que no tolera que alguien explote a un ser humano. Cuando se entera de la existencia de un prostíbulo clandestino en donde esclavizan y explotan sexualmente a niñas impúberes, entra en acción.
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