lunes, 22 de agosto de 2016

Una cosa es Hungría, y otra, muy diferente, México…

El gran diario digital SinEmbargo publicó la noche del domingo 21 de agosto una nota que decía que el equipo de noticias de Carmen Aristegui (que antes había destapado el conflicto de intereses por la famosa “casa blanca” de la Primera Dama, Angélica Rivera), reveló lo que para muchos era un secreto a voces:
Que el Presidente de México, Enrique Peña Nieto, plagió diversas tesis para elaborar la suya, y convertirse así en licenciado en Derecho.
La noticia cayó como bomba.
Al parecer, Aristegui sigue haciendo de la suyas.
Luego de leer la noticia y de ver algunos “memes”, además de escuchar otros comentarios al respecto, recibí un correo electrónico de mi buen amigo Oscar Ornelas, en donde me pasó la liga a una nota del periódico español El País, en donde se informa que el Presidente de Hungría, Pál Schmitt, renunció a su cargo, tras habérsele comprobado que plagió varias tesis para elaborar su tesis de doctorado.
Ornelas se preguntaba en ese correo: ¿Renunciará el licenciado Peña Nieto?
Y se contestaba él mismo: ¡Por supuesto que no!
La nota sobre los plagios de Peña Nieto es ya muy conocida.
Sin embargo (“no pun intended”, como dicen los gringos) aquí copio la nota de El País (fechada el 4 de abril), y firmada por Silvia Blanco:
El presidente de Hungría anuncia su dimisión tras ser acusado de plagio.
La Universidad Semmelweis de Budapest decidió el jueves pasado retirarle el título por haber copiado gran parte de la tesis.
Las posibilidades de fama de una tesis doctoral titulada Análisis del programa de los Juegos Olímpicos modernos, escrita en húngaro y defendida hace 20 años, en 1992, son más bien remotas. Incluso aunque su autor, que para entonces ya había sido dos veces oro olímpico en esgrima y dirigía el Comité Olímpico húngaro, sea el presidente de Hungría. Pero ha ocurrido. Se ha demostrado que plagió su trabajo académico y se le ha despojado del título. A Pál Schmitt, de 69 años, le ha estallado un escándalo que llevaba más de dos meses tratando de esquivar, bajo gran presión. Hoy ha acudido al Parlamento húngaro para anunciar que deja el cargo.
“Según la Constitución de Hungría, el presidente simboliza la unidad de la nación”, ha afirmado, según recoge Reuters. “Ahora que mi situación personal divide a mi amada nación en lugar de unirla, mi deber es poner fin a mi servicio y dimitir de mi cargo de presidente”. El caso ha logrado el extraordinario mérito de unir a la oposición para forzar la dimisión de Schmitt; ha provocado varias manifestaciones y ha acaparado la atención de la prensa. Durante todo este tiempo, Schmitt no ha hecho otra cosa que proclamar su inocencia y, hasta la semana pasada, aseguraba, como dijo a la agencia estatal de noticias MTI, no haber pensado “ni un momento” en dejar el puesto.
Aunque el cargo de presidente en Hungría es simbólico (encarna la alta representación del Estado y es jefe de las fuerzas armadas), el caso Schmitt ha adquirido una gran relevancia política. Hasta la prensa conservadora, como el periódico Magyar Nemzet, había pedido que se fuera. El primer ministro, Viktor Orbán, se había limitado a decir que dejar el cargo es “una decisión que le corresponde tomar a Schmitt”. El problema estaba en el tejado de Fidesz, el partido del Gobierno. Y lo que explica que haya tardado tanto en resolverse es, como explica Péter Krekó, analista del instituto Political Capital de Budapest, que “el nombramiento de Schmitt fue una elección personal de Viktor Orbán”.
A finales de enero, un portal de Internet, hvg.hu, publicó un artículo en el que sostenía que 180 de las 215 páginas que tiene la tesis de Schmitt -que obtuvo la más alta calificación, suma cum laude- eran una traducción del francés al húngaro del trabajo de Nicolai Georgiev, un investigador búlgaro ya fallecido.
La traducción era tan precisa que incluía los errores cometidos por Georgiev. Schmitt lo menciona en una escueta bibliografía colocada al final del trabajo. Más tarde se supo que otras 17 páginas fueron recolectadas de un autor alemán, Klaus Heineman, que sí vive y parece molesto con el asunto, según dijo a hvg.hu. Otros medios de comunicación también empezaron a bucear en los remotos mares de la producción académica deportiva de la época (en torno a 1992, cuando se publicó la tesis) y siguieron hallando similitudes.
El equipo de hvg.hu llegó a la conclusión de que “el 94% de la tesis de Schmitt es plagio”, resume por teléfono András Kosa, un periodista de esa página web.
La Universidad Semmelweis de Budapest, que le había concedido el título, se vio obligada a intervenir. Formó un comité de cinco expertos y los puso a rastrear coincidencias. Debieron de encontrar muchas, porque su informe, que dieron por concluido la semana pasada después de dos meses, tiene 1.157 páginas. En el resumen -de tres páginas- que han publicado, queda claro que la mayor parte del trabajo no era de Schmitt, pero tampoco se salvan los supervisores de la tesis, por no advertirlo.
La junta universitaria se reunió de manera extraordinaria el jueves y decidió despojar al presidente del título de doctor. Esa noche, la televisión pública, MTV1, emitió una amabilísima entrevista grabada a Pál Schmitt. “Mi conciencia está tranquila. Hice la tesis de la manera más honesta, lo mejor que sabía”, se defendió.
Hace justo un año, Karl-Theodor zu Guttenberg, entonces ministro de Defensa alemán, dimitió por haber plagiado su tesis en Derecho. Pasaron dos semanas entre que se denunció el caso en la prensa y su abandono del cargo. En un momento delicado para la imagen de Hungría, que sigue bajo el escrutinio de la Unión Europea por dudas sobre algunas de sus leyes, y que está pendiente de negociar un crédito que necesita su maltrecha economía con la Comisión y con el FMI, al presidente húngaro le ha costado más de dos meses tomar la decisión. Ha tratado de evitarla a toda costa. Sin embargo, ahora sí, touché.
Así que como dije al principio de esta nota: Una cosa es Hungría, y otra, muy diferente, México…
*En la columna derecha hay sitios de periodistas a quienes no les tiembla la mano -ni la pluma-, ante los crímenes de Estado. Hay también enlaces a portales que defienden los Derechos Humanos, ligas a sitios culturales de interés general, y el enlace a dos fantásticas estaciones de radio online (una de jazz y otra de música clásica).
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••Concédase el placer de leer ficción al menos una hora cada día. Muchos dicen que un día sin leer, es un día perdido. Pregunte por ahí qué buena novela puede leer. Si nadie le recomienda un buen título, puede leer alguna de mis novelas. Le aseguro que no se arrepentirá, y quizás hasta quede enganchado en el placentero vicio de la lectura (busque a la derecha el enlace a mis novelas).
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domingo, 14 de agosto de 2016

La respiración de la novela, según Umberto Eco

En comentarios publicados en las páginas que siguen al final de su extraordinaria novela El nombre de la rosa, Eco nos dice cómo la escribió y qué caminos siguió para hacerlo. Entre las muchas cosas -muy sabrosas- que dice sobre su oficio, nos comenta que:
“Entrar en una novela es como hacer una excursión a la montaña: hay que aprender a respirar, coger un ritmo de marcha, si no todo acaba en seguida. En poesía sucede lo mismo. Piensen en lo insoportables que resultan los poetas recitados por actores que, para «interpretar», no respetan la medida del verso, hacen enjambements recitativos como si hablasen en prosa, siguen el contenido en lugar del ritmo.
“Para leer una poesía escrita en endecasílabos y tercetos hay que adoptar el ritmo cantado que quería el poeta. Más vale recitar a Dante como aquellas poesías que se publicaban en el Corriere dei Piccoli, que sacrificarlo todo por el sentido.
“En la narrativa, la respiración no se obtiene en el plano de la frase, sino mediante macroproposiciones más extensas, mediante la escansión de los acontecimientos.
“Hay novelas que respiran como gacelas y otras que respiran como ballenas, o como elefantes. La armonía no reside en la longitud del aliento, sino en la regularidad con que se lo toma; también porque, si en determinado momento (que no debe ser muy frecuente), la aspiración se interrumpe y un capítulo (o una secuencia) acaba antes de que haya concluido la respiración, eso puede desempeñar una función importante en la economía del relato, puede marcar un punto de ruptura, un golpe de teatro.
“Al menos así proceden los grandes autores: «La infeliz respondió» —punto y aparte— no tiene el mismo ritmo que «Adiós montes», pero cuando llega es como si el bello cielo de Lombardía se tiñese de sangre. Una gran novela es aquella en que el autor siempre sabe dónde acelerar y dónde frenar, y cómo dosificar esos golpes de pedal dentro del marco de un ritmo de fondo que permanece constante.
“En música se puede «robar», pero no demasiado, porque si no tenemos el caso de esos malos intérpretes que creen que para tocar Chopin basta con exagerar el rubato. No estoy diciendo cómo resolví mis problemas, sino cómo me los planteé.
“Y mentiría si dijese que me los planteé conscientemente. Hay un pensamiento de la composición que piensa incluso a través del ritmo con que los dedos golpean las teclas de la máquina.
“Quisiera poner un ejemplo de cómo contar es pensar con los dedos. Es evidente que toda la escena de la relación sexual en la cocina está construida con citas de textos religiosos, desde el Cantar de los Cantares hasta san Bernardo y Jean de Fecamp o santa Hildegarde von Bingen.
“Hasta las personas que no están familiarizadas con la mística medieval, pero que tienen un poco de oído, se dieron cuenta. Sin embargo, cuando alguien me pregunta a quién pertenecen las citas y dónde acaba una y empieza otra, ya no estoy en condiciones de decirlo.
“De hecho, tenía decenas y decenas de fichas con todos los textos, y a veces páginas de libros, y fotocopias, muchísimas, muchas más de las que luego utilicé. Pero la escena la escribí de una tirada (lo único que hice después fue pulirla, como pasarle una mano de barniz para disimular mejor las suturas).
“Así, pues, escribía rodeado de los textos, que yacían en desorden, y la mirada se iba posando en uno o en otro; copiaba un trozo y en seguida lo enlazaba con el siguiente. Es el capítulo que, en la primera versión, escribí más aprisa que cualquier otro.
“Después comprendí que estaba tratando de seguir con los dedos el ritmo de la escena, de modo que no podía detenerme para escoger la cita justa. La cita que insertaba en cada caso era justa en función del ritmo con que la insertaba; desechaba con la mirada las que hubiesen detenido el ritmo de los dedos. No puedo decir que la narración del episodio haya durado lo mismo que éste (aunque hay actos bastante prolongados), pero traté de abreviar lo más posible la diferencia entre el tiempo del acto y el tiempo de la escritura…
“No en el sentido de Barthes, sino en el del dactilógrafo: me refiero a la escritura como actividad material, física. Y me refiero a los ritmos del cuerpo, no a las emociones. La emoción, ya filtrada, había estado antes, en la decisión de asimilar el éxtasis místico al éxtasis erótico, en el momento en que leí y escogí los textos que utilizaría.
“Después, nada de emoción: de hacer el amor se ocupaba Adso, no yo, yo sólo debía traducir su emoción en un juego de ojos y dedos, como si hubiese decidido contar una historia de amor tocando el tambor”.
¡Estos párrafos son sencillamente magníficos!
Gracias Umberto Eco por tomarte tan en serio el oficio de escritor.
Más novelistas como tú nos hacen falta en este mundo, tan lleno de vedettes. El mundo de la literatura actual está a reventar de escritores que buscan la fama y el dinero con sus novelas vulgares, ramplonas y de poca categoría, sin preocuparse jamás de trabajar primero con ahínco para mejorar el oficio.
[El nombre de la rosa, la puede comprar en Amazon.com]
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miércoles, 10 de agosto de 2016

¡Un gato pianista ofrece un gran concierto!

Mi hermano Oscar me mandó la liga a un fantástico video de un gato que toca el piano acompañado ¡por una orquesta sinfónica!
Me explicó que primero filmaron al gato tocando algunas notas al azar.
Después, basándose en esas mismas notas, una orquesta compuso una pieza que le corresponde a esas notas.
El resultado final -al sobreponer los dos eventos independientes-, es un gato dando un concierto.
¡Fantástico!
Y como no todo en la vida es leer y escribir novelas, además de hacer traducciones para pagar la renta, haga clic AQUÍ para disfrutar el concierto de este simpático gato pianista.
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lunes, 1 de agosto de 2016

Fragmento del capítulo 6 de mi novela Muñecas de trapo

Eran las diez de la mañana. Constitución decidió estacionar la furgoneta a dos cuadras de la casa de la Colonia del Valle y caminar ese trecho para calmarse un poco. A pesar de que sus ojos despedían llamaradas de cólera, al llegar a la puerta de la entrada y tocar el timbre, aparentó estar de buen humor.
Al abrirse la puerta apareció Nicho, quien, como siempre, traía en la bolsa delantera del pantalón el viejo revólver Smith & Wesson .38 especial que le prestaba Mayra, y que, a propósito, dejaba que se notara el bulto.
Traía también en una mano, como siempre y para darse importancia, su transmisor-receptor portátil.
—Buenos días —dijo Nicho—. ¿Necesita un servicio?
—No —dijo Constitución—. Ya he venido antes. Usted no me recuerda porque aquí entra y sale mucha gente, pero soy amigo de la señora.
—Permítame un momento —dijo Nicho, sin dejarlo pasar, y apretó un botón del transmisor-receptor portátil—. Señora Mayra.
—Dime Nicho.
—Aquí hay un señor que no quiere un servicio. Dice que es su amigo.
—¿Quién es, cómo se llama?
Nicho miró a Constitución, y antes de poder preguntarle, Constitución, que había escuchado la voz de Mayra, dijo:
—Me llamo Constitución Elizondo. La señora me conoce.
—Constitución Elizondo, señora —dijo Nicho, apretando de nuevo el botón del transmisor-receptor portátil.
—Hazlo pasar —dijo Mayra.
Nicho se hizo a un lado y Constitución entró con rapidez.
—Ya conoce el camino ¿verdad? —dijo Nicho.
Constitución no le respondió, y subió al segundo piso dando zancadas de dos escalones a la vez.
Entró al despacho de Mayra hecho una furia y cerró la puerta tras de sí.
—¡Estás explotando a muchachitas menores de edad! —le gritó, colérico, sin siquiera haberla saludado.
Mayra, sentada ante su computadora, haciendo cuentas como siempre, se le quedó viendo sorprendida.
—¿Qué sucede, Oso? —le preguntó, tratando de aparentar una calma que no sentía.
—¡Fui a las dos casas de Satélite!
Mayra se sobresaltó pero no movió un solo músculo del cuerpo, ni se agitó en el asiento. Permaneció rígida, como una estatua, mirando a Constitución con una forzada sonrisa a mitad del rostro.
—No sé de qué me hablas —le dijo, seria y sonriéndole—. Siéntate, relájate.
—¡No tienes vergüenza…! —le gritó Constitución, colérico, de pie ante su escritorio, mirándola de frente—. ¡No tienes madre!
Mayra no dijo nada. Estaba pensando rápidamente cómo salir del embrollo.
Constitución continuó mirándola en silencio, temblando de rabia, echando chispas por los ojos. Notó de nuevo que el trabajo duro de ponerse de espaladas en una cama, noche tras noche durante tantos años, y de abrir las piernas manteniendo siempre una sonrisa falsa para ser penetrada miles de veces por hombres, muchos de ellos borrachos, groseros y panzones, le habían arrancado a Mayra la ternura y la juventud. Era bella todavía, pero tenía rasgos austeros, duros y desesperados.
—Cálmate —dijo Mayra, tratando de aparentar una calma que no sentía—. No sé qué viste.
—¡No te hagas pendeja! —gruñó Constitución.
—Cálmate —volvió a decirle Mayra—. Siéntate y cálmate, y deja de estarme insultando. Ni siquiera me diste los buenos días Oso… no sé qué viste.
—Tienes un prostíbulo en Ciudad Satélite —dijo Constitución, bajando la voz y tratando de calmarse—. Y eso a mí me vale madres… no soy mojigato, pero son puras niñas… y eso sí está de la chingada. ¡Ya ni jodes!
—Es un negocio de Ramón —dijo Mayra—. Lo de Satélite es de Ramón, y además…
—¡Ni madres! —la interrumpió Constitución, volviendo a subir el tono de la voz—. Y tienes además otra casa, que le dicen La Granja. ¿Qué dices a eso?
—Está bien —admitió Mayra por primera vez—. Conozco los dos negocios, pero son de Ramón. Son de él… te lo juro. En esos dos negocios lava dinero del narco, estoy segura, aunque no puedo probarlo.
—¡No digas pendejadas! —dijo Constitución, molesto—. Nadie puede lavar dinero en un negocio clandestino.
—Pues no sé —dijo Mayra—, pero Ramón le lava dinero al narco.
—¡No con las niñas! —gritó Constitución, echando de nuevo chispas por los ojos. ¡No tienes madre! —volvió a decirle, molesto, pero pensó que quizás Ramón sí le lavaba dinero al narco, y eso no le gustó.
Mayra no dijo nada.
—¿Qué tienes tú que ver en eso? —le preguntó, tratando de aparentar calma y aplomo, y se dejó caer pesadamente en el sofá. Estaba decidido a no mostrarse exasperado, y a hablar las cosas con calma.
—La verdad, querido Oso —dijo Mayra con una sonrisa forzada y ademanes seductores—, a veces sí utilizó alguna de esas chiquillas aquí en la casa. Tengo un cliente muy especial, que requiere ese servicio. Tiene mucho dinero y paga muy bien. Me llama por teléfono con anticipación y yo le traigo a una de esas niñas.
—¡Pues no tienes madre!
—¿Quién te dijo que son negocios míos? —le preguntó Mayra, tratando de mostrarse seductora. “Si me lo cojo ahorita, se le olvida”, pensó, mientras erguía los prominentes senos.
—No te hagas pendeja —dijo Constitución, sin prestar atención a los seductores movimientos de Mayra—. Ramón me lo dijo. Las escrituras de esas casas están a tu nombre.
Mayra volvió a mostrarle las piernas y dijo:
—Ramón es un cobarde. Está tratando de salvar el pellejo. Son negocios de él, querido Oso… Y además, no sé qué viste —continuó Mayra, abriendo más las piernas, con un tono de voz que pretendía ser seductor—. Las primeras veces están dormidas, drogadas, me dijo Ramón. Les dan unas gotitas de Rohypnol mezcladas con un refresco…
—¿Rohypnol? —la interrumpió Constitución.
—Los médicos lo recetan a pacientes con insomnio crónico, o con ansiedad —dijo Mayra—. Las niñas quedan como muñequitas de trapo. No se enteran de nada, ni les duele. Poco a poco se van acostumbrando, hasta que se las cogen despiertas, pero ya les gusta. Luego van madurando, les crecen los senos y las nalgas y se ven más mujeres… y les gusta coger, lo disfrutan.
—¿Estás loca? —gruñó Constitución, indignado—. Vi golpes, maltratos y humillaciones.
—Me dijo Ramón —se defendió Mayra—, que algunas chiquillas son muy broncas, y que cuesta más trabajo domarlas, pero que al final todas se quiebran.
—¡Hija de la chingada!
—¡Párale cabrón! —dijo Mayra cerrando las piernas—. No me vengas con chingaderas. Tú matas gente, no te hagas pendejo… Así que no te vengas a dar baños de pureza conmigo.
—¡Hija de puta!
—¡Chinga tu madre, pinche Constitución! Lárgate de aquí o le digo al portero que te saque a patadas… él también fue judicial.
—Tu portero me la pela—dijo Constitución, furioso, poniéndose de pie.
—¡Chinga tu madre! —gritó Mayra, poniéndose también de pie.
Constitución salió del despacho dando un portazo, pero preocupado por su pasado enfrentamiento, casi mortal, con el narco.
Ya en la calle, caminando hacia la furgoneta, comenzó a dudar. No quería enfrentarse al narco otra vez, sobre todo en un asunto que no le incumbía de forma personal; y en el que no habría ningún dinero para él. Recordó sus primeros días de borrachera tras la muerte de Alicia (hacía ya casi dos años de todo eso) y cómo, tras salir del marasmo y de agotar su duelo, comprobó que no se había equivocado:
Dos días después (ya sobrio) había leído en la prensa sobre el asesinato de El Albañil y de uno de sus guardaespaldas, y según declaraciones de un jefe policial, había sido una venganza de El Chapo contra la gente de El Barbas. El jefe de la policía había asegurado ante los medios nacionales y extranjeros que tenía pruebas fehacientes de que había sido obra de El Chapo, así que Constitución estaba a salvo porque nadie podría acusarlo de esos dos asesinatos… y había vengado a Alicia. Pero ya no quería tentar más a la suerte. Ni siquiera su gran amigo, el teniente coronel, sabía de ese episodio.
Hasta aquí el fragmento.
Le aseguro que cuando usted lea la novela no podrá soltarla.
Los editores escribieron en la cuarta de forros este comentario:
Muñecas de trapo tiene una trama envolvente. Guillermo Zambrano narra la lamentable situación que vive México en la actualidad debido a la trata de blancas, la violencia de género, el narcotráfico, el lavado de dinero, y la corrupción de políticos y autoridades que se encuentra en cada resquicio de la sociedad.
Se trata de una novela dura y vertiginosa, en la que cada página de la acción desencadena e hila los mundos más bajos de México, país que para muchos es ya una república hecha añicos.
El centro de la novela, y lo que soporta la trama, es el investigador privado Constitución Elizondo, quien sigue luchando contra su alcoholismo (con poca suerte), pero que no tolera que alguien explote a un ser humano. Cuando se entera de la existencia de un prostíbulo clandestino en donde esclavizan y explotan sexualmente a niñas impúberes, entra en acción.
[Muñecas de trapo, la puede comprar en Amazon.com]
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jueves, 28 de julio de 2016

The Sex Club

The Sex Club, de la novelista estadounidense L. J. Sellers, logra que el lector, desde las primeras líneas, comience a pasar las páginas, una tras otra, con un ritmo cada vez más rápido.
La vertiginosa narración -además del inteligente andamiaje de la trama-, captura la atención del lector desde la primera página.
Cuando el lector comienza a leer la novela, ya no puede soltarla. No importa que sean las tres de la mañana y que el “atrapado” lector tenga que levantarse a las seis de la mañana para irse a trabajar.
El embrujo de esta novela atrapa de una manera fulminante.
Hace mucho que no leía una novela con tal intensidad.
El detective Wade Jackson, del Departamento de Policía de la ciudad Eugene, en el estado de Oregón, debe investigar los asesinatos de dos jovencitas de apenas 14 años de edad, y conforme se va desarrollando la historia, tanto el detective como el lector comienzan a descubrir que las niñas son ya unas experimentadas maestras en las relaciones sexuales.
La hija de Jackson, también de 14 años, asiste a la misma escuela secundaria que las dos muchachitas asesinadas y fue muy amiga de las dos. Jackson las vio incuso en su casa varias veces, en la recámara de su hija, cuando las tres se reunían “inocentemente”, o eso creía él, a hacer la tarea.
La esposa de Jackson está internada en una clínica de rehabilitación, tratando de superar su alcoholismo.
Así que Jackson, que debe resolver el caso de las niñas asesinadas (lo que le toma muchísimas horas extras de trabajo en la comandancia y en la calle, entrevistando a posibles testigos, además de seguir las pistas que va descubriendo), empieza a alejarse de su hija, quien resiente la soledad.
Jackson descubre, con la ayuda de la directora de una clínica gubernamental que ayuda a las adolescentes embarazas a abortar, que las niñas asesinadas pertenecían a un club sexual y no sabe si su hija participa -o participó- en las maratónicas sesiones de sexo que las niñas describen, bajo nombres falsos y sin fotografías, en un chat room “secreto” que publican en internet.
El detective teme cuestionar a su hija sobre este tema para no romper la ya tensa relación con la niña, quien se siente cada día más abandonada.
Jackson debe pasar varias noches fuera de casa, investigando el caso, y lleva a su hija, por seguridad y por miedo de dejarla sola, a casa de una tía de la niña.
La novela comienza cuando una trepidante bomba estalla en una clínica de Planned Parenthood, en donde atienden, con dinero del gobierno, a jovencitas embarazadas para que puedan abortar, además de darles, completamente gratis, condones para evitar infecciones y para no quedar encinta, y folletos sobre educación sexual.
Entre los personajes de la novela destaca una mujer gorda, muy piadosa, quien habla a solas todo el tiempo con Dios, en voz alta, pidiéndole que la ilumine para encontrar la forma de alejar de la ciudad, y de esas niñas, a la clínica de “médicos abortistas movidos por el diablo”.
Jackson, con la ayuda de la directora de la clínica, descubre que las niñas asesinadas formaban parte, también, de un Club de Estudio de la Biblia y sospecha que quizás el director del grupo, un hombre mayor, pueda estar involucrado en las actividades sexuales de las niñas.
Hay en la novela varios personajes fanáticos religiosos (hombres y mujeres, casi todos ellos padres de estas niñas), que la escritora describe a cabalidad, con sus mentes cerradas y sus infantiles y temerosos puntos de vista sobre el sexo, el pecado y el temor a Dios.
Si quiere usted desvelarse y leer hasta más allá de la madrugada, sin que le importe nada en ese momento, entonces lea esta novela, le aseguro que no se arrepentirá.
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miércoles, 20 de julio de 2016

¿Hasta dónde llega el poder de Carlos Salinas de Gortari?

La revista digital “El BeiSMan”, fundada por un colectivo de escritores inmigrantes establecido en el barrio de Pilsen, en el centro de la ciudad de Chicago, publicó el pasado 14 de mayo un excelente artículo firmado por Febronio Zatarain, quien analiza, con lujo de detalles, el poder que aún tiene en México el expresidente Carlos Salinas de Gortari.
Aquí lo copio:
El desaliento de Krauze
Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín en sus respectivas revistas (Letras libres y Nexos) recientemente publicaron unos ensayos que analizan lo que ha pasado en el México de las últimas tres décadas. El objetivo de “Desaliento de México” es convencernos de que el México del nuevo milenio ha alcanzado la democracia, y que las prácticas bárbaras del PRI (robo de urnas, asesinatos de opositores) han quedado atrás. Así, Krauze minimiza la compra de votos llevada a cabo por Enrique Peña Nieto y la cobertura y el apoyo abrumador (también comprado) que éste tuvo en los medios, sobre todo en la radio y televisión. No pone en duda el triunfo de Felipe Calderón, como si no hubiese existido el movimiento liderado por Andrés Manuel López Obrador que exigía el recuento de los votos debido a las irregularidades que se habían presentado en las elecciones presidenciales de 2006. Ignora las investigaciones del periodista Álvaro Delgado sobre los 200 mil votos fraudulentos aportados por el entonces gobernador del Estado de México para que Felipe Calderón asegurara el triunfo. Habla del apresuramiento de Calderón por comenzar su guerra contra el narcotráfico sin explicar qué había detrás de ese apresuramiento. Quiere convencer a los mexicanos nacidos entre 1965 y 1995 de que el México en el que ahora viven tiene un gobierno priista más legítimo que los del pasado. Por último, otro de los objetivos de este ensayo es promover las candidaturas independientes para las elecciones presidenciales de 2018, y de paso desprestigiar a Morena, “el partido de López Obrador”, y a cualquier “líder con ideas mesiánicas”.
En 1974, en mi pueblo Concordia, Sinaloa, casi todos éramos católicos y creíamos en el PRI, y estas creencias se reproducían en la gran mayoría de los pueblos de México. También en 1974, a la edad de 16 años me mudé a Guadalajara, donde conseguí un trabajo en el que tenía seguro médico y ganaba el salario mínimo; un salario que le permitía al trabajador mantener modestamente a una familia de cuatro miembros. Son los tiempos maravillosos de ese Estado mexicano que Octavio Paz capturó con la metáfora precisa del ogro filantrópico. ¿Ese gobierno del PRI de la década de 1970 sería legítimo para la mayoría de los mexicanos?
Me siento extraño aclarándole a Krauze aspectos de la historia mexicana reciente que él conoce y maneja mucho mejor que yo, pero que se ve obligado a omitir. Por eso su pluma a lo largo de estas diez páginas se muestra titubeante y desencantada de sí misma, porque la labor que está cumpliendo no es la de un intelectual comprometido con la verdad sino con los intereses de un grupo político.
El optimismo de la pluma venal de Aguilar Camín
En su “Nocturno de la democracia mexicana”, Aguilar Camín también escribe por encargo y con miras a las elecciones de 2018. La diferencia es que en este ensayo no hay titubeos ni desencantos. Nos da la falsa impresión de que Aguilar Camín es mejor analista político que Krauze. La seguridad y la convicción están fundamentadas no tanto en su formación académica, sino en la atracción que le provoca cualquier acción que signifique más dinero para sus arcas. Todo lector informado conoce este talón de Aquiles de Aguilar Camín; baste mencionar el caso documentado por el periodista Jenaro Villamil sobre los 691 millones de pesos que se gastó el entonces gobernador Enrique Peña Nieto en la compra de paquetes promocionales e informativos a Televisa, en la que estuvo involucrado el programa Zona Abierta conducido por el propio Aguilar Camín.
Volvamos a los objetivos con miras a las elecciones de 2018. Aguilar Camín de una manera amena y bien estructurada nos cuenta la historia política del México reciente, tomando como ejes las reformas políticas de 1977 y de 1996, así como la llegada a la presidencia de Vicente Fox. Con un manejo exacto de las cifras, nos va explicando cómo han ido aumentando los gastos en la manutención de los partidos, así como los montos recibidos por los gobiernos estatales y municipales. Este análisis histórico-político habría sido de gran valía si no hubiese omitido tres hechos electorales de gran importancia: el fraude de 1988, el triunfo dudoso de Calderón en 2006 y la compra de votos por parte de Peña Nieto en 2012. Y lo hace porque esta “creatura grotesca” que es la “democracia mexicana” se esfumaría con la inclusión de estos datos.
Además de sugerir que un ciudadano independiente como candidato presidencial para 2018 es muy factible, una de sus conclusiones es que el sistema político mexicano es demasiado caro (el quinto en el mundo). Posteriormente, y sin mostrarnos modelos alternativos como los que se han dado en algunos países de Europa, donde las elecciones subsidiadas por el Estado se mantienen a un costo moderado, pasa a proponer que los partidos se sostengan y hagan sus campañas primordialmente con las cuotas que reciban de sus miembros. Se oye muy bonito, pero el futuro que nos esperaría es el que ahora se vive en Estados Unidos: aparentemente existen dos partidos políticos, pero ambos partidos son sostenidos sustancialmente por las grandes corporaciones, porque tanto el Partido Republicano como el Demócrata salvaguardan sus intereses. En la actualidad, en dicho país no hay un partido que defienda los intereses de los trabajadores. Tanto el Partido Republicano como el Demócrata quieren acabar con los poquísimos sindicatos que quedan, y apoyan incondicionalmente las medidas anti-laborales que las empresas están tomando para duplicar o triplicar sus ganancias; estas medidas van desde la baja arbitraria del salario o de las prestaciones, hasta el recorte de personal sin previo aviso y sin ningún tipo de indemnización.
Otra de las propuestas que hace Aguilar Camín es que sean permitidas todo tipo de campañas sucias. Con la primera medida, prácticamente está dejando fuera del juego político a las clases medias y bajas, y si de casualidad llegase a surgir un líder honesto en estos grupos sociales, con la segunda medida, se tendría el arma de la calumnia para eliminarlo. Con esta propuesta Aguilar Camín está emulando a aquel asesor de Adolfo Hitler apellidado Goebbels que solía decir: repite una mentira mil veces y se volverá verdad.
El rinoceronte que nadie ve
Hay un elemento esencial que Krauze, Aguilar Camín y la gran mayoría de analistas políticos de México omiten. Imaginemos que nuestro país es una nave, y que en el centro de ella hay un gran rinoceronte. Los analistas se reúnen para dilucidar el origen de una fetidez insoportable que se ha apoderado de la nave. Ahí está el rinoceronte orinando y defecando sin parar. Los analistas responsabilizan a algún gato, a alguna rata, a algún borracho e incluso a las moscas. Pero aunque todos ven al rinoceronte y sus excreciones, nadie lo menciona. ¿Quién es ese rinoceronte que ha llenado de fetidez a México?
Krauze en su ensayo se refiere al fraude electoral de 1988; también menciona que los políticos de alto nivel estaban vinculados con los narcotraficantes, incluso que los controlaban, pero no da nombres. En 1999, el gran reportero de aquellos años, Carlos Marín, publicó en la revista Proceso la transcripción de una entrevista, hecha por instituciones judiciales y policíacas de México y Estados Unidos, a un antiguo miembro del cártel de Pablo Escobar que operó en México y en Estados Unidos. Este hombre entregó varios millones de dólares a Raúl Salinas de Gortari para la campaña presidencial de su hermano a cambio de protección a los aviones cargados de cocaína en los aeropuertos mexicanos. Carlos Salinas de Gortari ya era presidente y su hermano siguió recibiendo maletas repletas de billetes de 100 dólares.
También recordemos la intención de Carlos Salinas de Gortari en 1994 de acabar con el presidencialismo y volverse el poder tras el trono. Dicha intención fue truncada gracias a la alianza entre el candidato presidencial Luis Donaldo Colosio y Manuel Camacho Solís. Con el asesinato de Colosio, también se anulan las aspiraciones presidenciales de Camacho Solís; pero el nombramiento del candidato sustituto ya no estuvo en manos de Salinas.
¿Quién hizo candidato presidencial a Ernesto Zedillo Ponce de León? La respuesta a esta pregunta sería un cabo que tal vez nos llevaría a descubrir al autor intelectual de dicho asesinato.
Cuando Zedillo aún fungía como Secretario de Educación Pública pidió prestada a la Presidencia de la República una residencia en Acapulco para pasar unas vacaciones con su familia. Una noche, mientras la familia dormía en esa casa, irrumpieron hombres armados enviados por Raúl Salinas y sacaron a Zedillo y a su familia de la casa. Los políticos nunca olvidan y Zedillo, ya como presidente, permitió (y quizá ordenó) el 28 de febrero de 1995 el arresto de Raúl Salinas acusado de ser el autor intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. Un año después, el 18 de marzo de 1996, se le acusó además de enriquecimiento ilícito y peculado, pues era propietario de 41 inmuebles y, lo más serio, había depositado en bancos de Suiza e Inglaterra alrededor de 125 millones de dólares, monto que acumuló gracias al narcotráfico y a las cantidades de dinero que estuvo recibiendo con cierta periodicidad durante seis años de la partida secreta de la Presidencia. No está por demás decir que en una de las cajas de seguridad de un banco suizo encontraron dos pasaportes falsos con su fotografía.
Carlos Salinas de Gortari se fue a vivir al extranjero al terminar su convulsivo periodo presidencial. ¿Cuándo vuelve a actuar políticamente en México? En una de sus columnas previas a las elecciones de 2000, Jaime Avilés señaló que Vicente Fox era el candidato de Salinas, y que Francisco Labastida era el candidato de Ernesto Zedillo. En aquellos años sonó como una idea jalada de los pelos; pero en 2012, cuando Vicente Fox, miembro prominente del PAN, da a conocer su apoyo a Enrique Peña Nieto, candidato del PRI apoyado y manejado por Carlos Salinas de Gortari, no me quedó ninguna duda de que Avilés tenía razón.
Ha sido tanto el poder acumulado por Carlos Salinas de Gortari en lo que va del siglo que en junio de 2005 su hermano Raúl salió de la cárcel, y el 19 de Julio de 2013 quedó exonerado de todo delito por falta de pruebas y le devolvieron todas las propiedades y el dinero que le había sido confiscado.
¿Hasta dónde llega el poder de Carlos Salinas de Gortari que ha sido capaz de poner a su servicio al PRI, al PAN e incluso al PRD, a tal grado que volvió obsoleto el sistema de partidos actual? ¿Hasta dónde llega el poder de Carlos Salinas de Gortari que ha puesto a su servicio a casi todos los medios de información, sean impresos, televisivos o radiales? ¿Hasta dónde llega el poder de Salinas de Gortari que hace que intelectuales y periodistas como Enrique Krauze, Carlos Marín, Héctor Aguilar Camín, Jorge Castañeda, Ciro Gómez Leyva y muchos otros propalen la idea de que el candidato idóneo para la presidencia de la república en 2018 es un ciudadano independiente?
¿Hasta dónde llega el poder de Carlos Salinas de Gortari para que el gobierno de Estados Unidos no diga siquiera un pío porque ha sido puesta en libertad una persona que estuvo colaborando durante varios años con el cártel de Medellín para introducir cargamentos de cocaína a territorio estadounidense?
¡Excelente artículo de Febronio Zatarain!, quien además de muchos huevos, fue ganador del Premio Latinoamericano de Poesía transgresora 2015. Su libro más reciente es Veinte canciones en desamor y un poema sosegado. Actualmente coordina el taller literario de la revista Contratiempo en Chicago.
*En la columna derecha hay sitios de periodistas a quienes no les tiembla la mano -ni la pluma-, ante los crímenes de Estado. Hay también enlaces a portales que defienden los Derechos Humanos, ligas a sitios culturales de interés general, y el enlace a dos fantásticas estaciones de radio online (una de jazz y otra de música clásica).
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••Concédase el placer de leer ficción al menos una hora cada día. Muchos dicen que un día sin leer, es un día perdido. Pregunte por ahí qué buena novela puede leer. Si nadie le recomienda un buen título, puede leer alguna de mis novelas. Le aseguro que no se arrepentirá, y quizás hasta quede enganchado en el placentero vicio de la lectura (busque a la derecha el enlace a mis novelas).
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martes, 12 de julio de 2016

La estructura de tres actos en la narración

El escritor estadounidense de novelas de suspenso, Jonathan Maberry, colaboró con un capítulo (el 19), del excelente libro Write Good or Die, editado por el también novelista estadounidense Scott Nicholson.
Ahí, Maberry nos dice que todas las historias son contadas en tres actos, ya sea que se trate de un chiste, un cuento relatado alrededor de una fogata, una novela, o una obra de Shakespeare.
Nos recuerda que los antiguos griegos cayeron en la cuenta de esta estructura cuando estaban sentando las bases para narrar cualquier historia dentro o fuera del escenario.
Claro que puede haber -agrega Maberry- muchos “quiebres” en un guión cinematográfico, o ninguno dentro de una novela, pero los tres actos están ahí. Tienen que estar. Es algo fundamental para una buena narración.
1. El primer acto presenta al protagonista, algunos de los temas principales de la historia, algunos de los personajes principales, posiblemente al antagonista, y una idea de la crisis alrededor de la cual se desarrolla la historia. El primer acto termina cuando el protagonista enfrenta un “punto de no retorno”, y debe decidir si sigue adelante e involucrarse más en el conflicto, o dar la media vuelta y regresar al punto de partida. A menudo, esta decisión está fuera del control del protagonista, y la “historia” lo empuja hacia adelante.
2. En el segundo acto, el argumento principal se desarrolla a través de acciones y de intrigas o urdimbres secundarias con el fin de proporcionar información sobre el significado de la historia, la naturaleza de los personajes, y la naturaleza de la crisis. Además, se introducen personajes secundarios y el lector (espectador) se entera de cosas acerca del protagonista y el antagonista a través de la interacción de los dos con los personajes secundarios. El segundo acto termina cuando el héroe reconoce o intuye el camino que lo llevará, desde la crisis que está viviendo, a una meta que él (ella) piensa que será la solución.
3. En el tercer acto, el héroe se lanza (venciendo a veces sus propios miedos) hacia lo que piensa que será la solución del problema. Lo hace porque está seguro de que va a resolver la crisis (aunque a veces el lector sepa de antemano que no sólo no resolverá el problema, sino que perderá la vida). El tercer acto cierra la narración (cualquiera que sea el final), y se resuelven la mayor parte de los temas secundarios. Al final, el protagonista (si sobrevive), experimenta un cambio radical en su vida y en su forma de pensar y sentir gracias a las experiencias que tuvo que enfrentar.
Hasta aquí lo que dice Jonathan Maberry.
Cuando yo hablo o escribo sobre estos temas, siempre digo lo mismo:
Una cosa son las reglas, y otra muy distinta es el hecho de escribir una buena historia que capture la atención del lector y, además, lo conmueva.
No puede uno confiarse jamás en las recetas de otros (porque no se trata de cocinar un pastel).
Hay que sudar la gota gorda, todos los días, para que los personajes y las situaciones sean “creíbles” y “reales”, de otra forma, el lector tirará el libro a la basura.
Sin embargo, estas pequeñas reglas, o puntos de partida, nos ayudan a veces a estructurar el primer borrador de la historia que queremos contar.
Y al final, luego de dos o tres reescrituras (y de mucho tiempo invertido), quizás la historia quede bien.
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